JANE EYRE, LA JOVEN EMPODERADA
- 9 mar 2018
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Jane Eyre, la pequeña huérfana inglesa que transcurre parte de su vida entre la soledad del desprecio de su tía y el abandono de su espíritu en el orfanato Lowood. Una ávida e independiente joven, crece sin comodidades y encuentra refugio en los libros que desde su niñez se interesaba por leer; una austera mujer que se mantiene firme a sus convicciones, a su orgullo propio, a la lealtad y al servicio de los demás.
No se cohibió la autora al momento de dejar en evidencia característica primordial del personaje principal, su proceder emancipado, autónomo y soberano de sí misma; en una época como lo era en el siglo XIX, en que concebía a la mujer como las servidoras del hogar, dedicada a atender a su esposa, cuidar a sus hijos y convertirse en seres benévolas cuyo fin era el infundir e inculcar en los demás valores. Ante esto Charlotte Brontë (autora del libro) propone expresar en su novela autobiográfica, personajes femeninos cuyo ritmo de vida se basa en el trabajo y la independencia económica, ofreciendo servicios de institutriz, vendedoras, profesoras, no como encargadas únicamente de los servicios domésticos; esto lo aclara con la siguiente cita:
“Se supone generalmente que las mujeres son más tranquilas, pero la realidad es que las mujeres sienten igual que los hombres, que necesitan ejercitar sus facultades y desarrollar sus esfuerzos como sus hermanos masculinos, aunque ellos piensen que deben vivir reducidas a preparar budines, tocar el piano, bordar y hacer punto, y critiquen o se burlen de las que aspiran a realizar o aprender más de los acostumbrado en su sexo.” (P.60).
En otras palabras, Jane, cuyo primordial deseo no era el de casarse, tener hijos y ser feliz en un hogar de perfecta calma y monotonía buscaba salir adelante a través de sus conocimientos por sí misma, sin mayor riqueza que la ella se pudiera proporcionar, lo expresa, cuando al aceptar la propuesta de matrimonio que le hizo Edward, reflexionó y se dijo a sí misma en la clase de mujer que no quería ser. “Me sería insoportable verme vestida siempre por Mr. Rochester como una muñeca, vivir como una segunda Dánae, bajo una lluvia de oro”. y lo reafirmó en continuas ocasiones, al alejarse de su prometido debido a que no estaba dispuesta en convertirse en su amante, al dejarle en claro que lo quería más cuando él no actuaba bajo el poder de mando al que los hombres acostumbraban a tratar a sus esposas, como unas inútiles incapaces de entregar protección y cooperación, atestigua comentando: “prefiero amarle ahora, cuando puedo serle útil, que antes, cuando usted no accedía a desempeñar otro papel que el de un protector orgulloso y espléndido”. (P. 232).
Conjuntamente, la vehemencia que describe a Jane desde su niñez la inspiraba a desear una vida exenta de las pretensiones de las personas de pertenecer a la sociedad, cultivar una reputación y ser concebida como una cortesana, aspecto que la llevaba a ansiar descubrir el mundo aventurero y poco apacible que siempre. “Me hubiera agradado ser arrastrada por las tormentas y azares de una vida de luchas lejos de la serena calma en que vivía, sentimiento muy parecido al de quien, cansado de estar mucho tiempo en una silla demasiado cómoda, desea levantarse y dar un largo paseo”. (P. 63).
Asimismo, hubo personajes que sí bien eran nobles y respetables, ser mostraban como repulsivos machistas; tal caso era el de John Rivers, su primo y sacerdote, quien le propuso viajar con él a la India a enseñar con la condición de casarse, puesto que sería visto mal que la edad que ambos tenían fueron ambos a vivir allá sin ser esposos, es decir, serían considerados como amantes; ante esto Jane le dice que acepta ir pero no como su esposa, sino como su hermana y su colaboradora, como lo haría un hombre. “Tendré la constancia de una camarada, la franqueza de un soldado, la fidelidad y la fraternidad que desees, el respeto de un neófito hacia su hierofante”. (P. 213).
A modo de concluir, se demuestra que la mujer no solo es vista como una majestuosidad, delicada, perfecta y sumisa; interesada en cultivar la paz en su hogar. Existe mujeres como Jane que desde niñas no son sumisas, tienen liderazgo, voz y libertad. Autosuficientes, luchadoras, capaces de conquista y aprender los idiomas que quisiesen, de ir a la ciudad que se les antoje, cito la siguiente expresión: “Ya le he dicho que soy independiente y que nadie tiene autoridad sobre mí”. (P. 226). Esa rebeldía fue la que se necesitó para que en el siglo XX la mujer comenzara la lucha de género que hasta el día de hoy sigue tomando poder.














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