EL HIDALGO CABALLERO Y SU FIEL ESCUDERO
- 9 mar 2018
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Miguel de Cervantes Saavedra es reconocido por ser el creador de Don Quijote de la Mancha, una pintoresca obra que se encuentra entre las más grandes creaciones literarias de la lengua castellana, el autor reúne en este material una historia que incluye todos aquellos elementos que estuvieron presentes en la literatura.
Don Quijote y Sancho enfrentan diversas aventuras en su transcurso, como producto ingenioso del autor que le da vida a los personajes, describiendo episódicamente sus personalidades, cualidades e ideologías. A partir de la cordura y la demencia, la crítica y la idealización como temáticas relevantes en la narración se pueden analizar desde dos perspectivas los posibles fundamentos transversales del pensamiento humano: el idealismo abstracto y pragmatismo, las cuales enmarcan la historia y muestran dos maneras de pensar que se oponen, pero se construyen entre sí, por un lado, el idealismo abstracto, se entiende como la importancia del cuestionamiento, prevalece el pensar sobre la posibilidad antes que accionar y todo gira respecto al mundo de las ideas, lo intangible, inmaterial y poco objetivo, ajeno a la realidad. El pragmatismo en cambio se fija en lo práctico, razona con el fin de llevarlo a la acción y desplaza lo imaginario. La primera corriente se conceptualiza como la creación del mundo exterior como idea proveniente de la mente del hombre (Don Quijote) y la segunda se aferra a la construcción de la sociedad basada en la acción, análisis, cuestionamiento de la verdad y el acercamiento al significado de las cosas (Sancho Panza).
Sancho, es aquí el personaje esponja, substrajo lo mejor que pudo de su amo y caballero don Quijote, inicialmente se le conoce como un labrador con poca habilidad para las letras y el refinado discurso, no obstante, a través de los capítulos se observa una transformación, se convierte en un ser que razona y reflexiona sabiamente; no le encuentra el sentido a sacrificar sus necesidades naturales y fisiológicas por levantar el ego o demostrar su fidelidad al caballero. Aun cuando a Sancho le tocaba seguirle el juego a don Quijote y someterse a los malos tratos que aseguraba debía sufrir por él, Sancho dando a mostrar su afianzamiento en el pragmatismo, empieza a protestar y caer en la cuenta que no tiene sentido que él sea maltratado por Dulcinea o para salvar a Altisidora cuando no es algo que le compete. Diferente al Sancho de antes que intentaba seguirle el juego a su caballero y se idealizaba como un gobernador y el fiel escudero de don Quijote. Eso no significa que él no tenga ya ningún respeto por el gran manchego, pero sí cambia la connotación del término respeto, el vínculo se vuelve fuerte, tanto tiempo juntos les permite a ambos conocerse hasta el punto de concebir una amistad, ya no es solo obedecer, ahora hay una compenetración y complicidad.
Dentro del capítulo 68 don Quijote despierta a Sancho para que se desvele al igual que él y cante versos, a lo que este responde que lo deje dormir expresando lo siguiente:
“Sólo entiendo que en tanto que duermo ni tengo temor ni esperanza, ni trabajo ni gloria; y bien haya el que inventó el sueño, capa que cubre todos los humanos pensamientos, manjar que quita el hambre, agua que ahuyenta la sed, fuego que calienta el frío, frío que templa el ardor y, finalmente, moneda general que con todas las cosas se compran, balanza y peso que iguala al pastor con el rey y al simple con el discreto” (pág. 1065).
En la cita anterior se ve a un Sancho pragmático, aterrizado, se va afianzando a sus propios raciocinios e intenta hacer entender a don Quijote su descontento y contrariedad con el mundo ideal en que vive. Pero hay un elemento esencial, ha adquirido esa cualidad de pensar más allá de lo rutinario y material que se observa en el mundo. Llegar a tal concepción del sueño, plantea una combinación de lo mejor de ambos pensamientos.
Don Quijote, el idealista, el loco, el que vive en lo imaginario; desde el comienzo lo conocemos como un hombre enfocado en los postulados del idealismo abstracto, pero en estos capítulos, se evidencian comportamientos, que aunque no lo convierten en un ser pragmático, dan señales de cambio; un momento crucial para el reconocimiento de su nueva conducta ocurre al ser derrotado, cansado de la lucha y contrariedad de sus pensamientos con el mundo real, se desvanecen sus ganas de luchar y acepta con resignación que deberá dejar atrás el estilo de vida ideal y tendrá que comportarse según lo práctico y material; al planear qué cosas hacer en el año de retiro, asimila que hay una verdad pragmática que quiere seguir.
El periodista Carlos Granés expresa en una columna de opinión que realizó para El Espectador lo siguiente:
“Sin proponérselo, esta fue la más perdurable y exigente crítica que hizo Cervantes. Nos mostró que el deseo, la imaginación, la ficción y el idealismo desafían la realidad y torpedean la rutina. Con el Quijote surge el héroe moderno. No quien triunfa, no quien conquista, no quien consigue el éxito y la fama. Más bien, quien se empeña en ser lo que quiere ser, así el precio sea la burla, los palos y el fracaso” (párrafo 5).
Teniendo en cuenta el análisis citado, se puede decir que la cualidad más grande de don Quijote no es la simple idea de mostrar un loco que cree ser caballero, sino que tiene un trasfondo inimaginable, dio paso a un nuevo modelo de hombre, rompe la idea de una vida sumida en lo real y práctico.
Sancho y don Quijote constantemente se lidian el uno al otro, cuando uno idealiza el otro intenta aterrizarlo. Es justamente esto lo que Miguel de Cervantes le da como característica al libro, al ser género de anticaballería le agregó el toque de Sancho como medida de anulación de lo ideal. En otras palabras, ese es uno de los aspectos que hace tan interesante la historia, una persona idealista en los libros de caballería es visto como alguien cuerdo y racional, esto se debe a que no tiene el pensamiento contrario que le haga ver el otro lado de la historia, no hay un personaje que aterrice a la realidad lo que el caballero dice y hace.
En el capítulo 64 don Quijote le dice a don Antonio que él podría ir en busca de don Gregorio como fuere, aquí se observa el idealismo abstracto, al darle prevalencia al pensamiento de poder traerlo, aunque tuviese que atravesar mar y que lo haría mejor que cualquier otro. Sancho al contrario afirma que el decir y el hacer son dos cosas diferentes, es decir, lo aterriza porque razona mediante el pragmatismo. Pero, sin el comentario de Sancho lo que dice don Quijote sonaría posible y su figura sería trasmitida de otra manera, nos muestra su perspectiva sobre lo que don Quijote ve y dice; elimina inmediatamente la veracidad de lo ideal y nos hace ver a don Quijote como loco.
¿Qué es don Quijote sin Sancho? Un caballero más. Sin la oposición de pensamientos el libro sería uno más de caballería, la esencia del sentido que el escritor le da se encuentra en lo que uno le da al otro. Cito una parte del libro donde dice explícitamente el bachiller Sansón Carrasco “considerando la agudeza y simplicidad de sancho, como del extremo de la locura de don Quijote” (pág. 1077- cap. 70). Es por esto que rescato del autor el ingenio de convertir dos postulados filosóficos en dos personajes que han sido de gran importancia y representación a través de los años. Que también son los reflejos de las actitudes humanas, en el mundo hay Sanchos, Quijotes y la mezcla de ambos.
¿Es contradictoria la conducta de Sancho? sería errado responder sí o no, porque encasillarlo es convertirlo en algo predecible; y es justamente lo que Sancho no es, impredecible e inconstante, parece que la historia deja implícito en Sancho un aprendiz, adquiere un pedazo de Quijote y de lo que su vida le empleó como medio de vida; de esta manera usa a su favor una de los dos corrientes, dependiendo la situación y el entorno en que se halle.
a continuación, evidenciaré una reflexión que el escudero hace al llegar a su aldea, en la que este deja claro en un párrafo la grandeza que guardó en su corazón y en su mente, el paso del tiempo y el recorrido le dejan grandes enseñanzas.
“Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza tu hijo, si no muy rico, muy bien azotado. Abre los brazos y recibe también tu hijo don Quijote, que, si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo, que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede. Dineros llevo, porque si buenos azotes me daban, bien caballero me iba” (pág. 1093, cap. 72).
Lo ideal y lo pragmático en un mismo párrafo, expresando la guía del caballero, su compañero, su fiel escudero; que lo acompañó hasta el final de sus días y quien siempre estuvo dispuesto a servirle; le lloró en su lecho de muerte, le animó en sus derrotas y celebró sus triunfos.
Si analizamos profundamente la significación de la muerte y cordura de don Quijote, encontramos la finalidad de toda la intención de Miguel de Cervantes, contrariar el concepto que por aquellos tiempos se contaban en los libros de caballero del triunfante caballero con final feliz y vencedor. Muere el mundo ideal así como el andante y queda lo real. Cito el momento en que el Caballero de la Triste Figura deja claro que despierta de la locura en la que estuvo sumergido.
“Dadme albricias, buenos señores, de que ya no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de «bueno». Ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya me son odiosas todas las historias profanas de la andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas leído” (pág. 1100-1101, cap. 74).
En conclusión, en los capítulos analizados ha habido un constante juego de actitudes y modelos de vida filosóficos, Sancho tras el tiempo que comparte con don Quijote afianza su pragmatismo y el idealismo abstracto se desvanece.














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