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ARACATACA, DISTRITO LITERARIO Y CULTURAL

  • 9 mar 2018
  • 4 min de lectura


Robinson Mulford recuerda, con emoción en su gesto, la segunda vez que vio a Gabriel García Márquez llegar al pueblo. “Entró en una caravana de cuatro camionetas blancas”, menciona Mulford. Él en una bicicleta se dirigía hacia la institución en la que era docente, y al pasar justo al lado de la caravana tan distinguida y particular, reconoció detrás de los cristales al recién laureado con el Nobel de Literatura.


El 30 de enero de 1983, el primero que recibió a García Márquez fue el ´mono´, amigo de la infancia del escritor, alentado por Mulford, quien por entonces era su yerno. Se dirigió borracho y se postró enfrente a los cuatro vehículos, tomó aliento y gritó fuerte: “Gabo, yo soy más importante que tú”; y lanzó un manotazo abierto al capó del primer carro. Gabriel descendió del segundo carro y respondió con entusiasmo: “Hombre, ¡ya se volvieron viejos mis amigos los italianos! Después del estruendo y el espectáculo, todos reconocieron la llegada del paisano más famoso. El alboroto en el pueblo fue general.


Cuando estaban en una caminata a lo largo de las calles, y cruzaban frente al precario colegio que entonces tenía Aracataca, Mulford, que no se despegaba por nada del Nobel, le preguntó: “¿Oye, Gabo, tú por qué no nos regalas un colegio?”, a lo que García Márquez respondió airado: “Ajá, ¿Tú crees que yo tengo colegios en las manos para regalar?” “Fue como si me echaran un balde de agua fría - rememora Mulford refiriéndose a ese embarazoso momento, cuando el hombre que admiraba lo había regañado en frente de todos- Pero fue culpa mía, de nadie más. Formulé mal la pregunta por mi inexperiencia. Nadie tiene colegios en las manos para regalar.”


El 22 de diciembre de 2014, cinco días después del fallecimiento de Gabriel García Márquez, Robinson creó la Fundación Realismo Mágico, con la misión de preservar, expandir y rescatar la vida y obra del autor, considerándose a sí mismo como un gabólogo.


“Aracataca se ha convertido en un lugar de puro homenaje. La gente viene, pasa tres horas visitando los lugares, ¿y luego qué? Acá hay potencial para crear algo sustentable”, dice Robinson mientras mueve las manos expresivamente. Finaliza diciendo: “miren a Alcalá de Henares- lugar de nacimiento de Miguel de Cervantes- , aunque no es comparable, es verdad, se puede ver que allá todo es negociable y vendible y viven de ese turismo comerciable; acá tenemos la capacidad para hacerlo”.


El 5 de abril del 2011, el entonces representante a la cámara por el Magdalena, Roberto Herrera Díaz, propuso ante la Comisión Cuarta Constitucional Permanente, un proyecto de ley que pretendía convertir a Aracataca en un Distrito Turístico y Cultural. Alcizar Vergara, director de la biblioteca Remedios la Bella, insiste en que lo más correcto sería un Distrito Literario y Cultural, pues el municipio en sí no es contemplado como un sitio para recreación turística, o en otras palabras suyas “la gente no viene a turistear”, sino a investigar y a visitar al pueblo que inspiró Macondo.


Entre fotografías de infancia, cartas de antiguos visitantes extranjeros, una misiva del mismo David Sánchez Juliao, ejemplares de Cien Años de Soledad traducidos al mandarín, Vergara conserva un área de trabajo que lo ha llevado a estar al mando de la gestión cultural desde el año 1976.


Ejemplar en mandarín de Cien Años de Soledad, autografiado y dedicado por el mismo autor, para la biblioteca Remedios La Bella.


“Cuando conocí a García Márquez en 1983, lo primero que exclamó al verme fue: ¡nojoda! emocionado por encontrarse a un paisano en la fría Bogotá”. Dice que el nobel nunca perdió el amor por la tierra, “siempre estaba pendiente de lo que pasaba acá, incluso a veces irrumpía a escondidas cuando eran más de las doce de la noche y se dirigía a alguna finca de un amigo, casi siempre la de Lucho Porto, donde también tuve la oportunidad de estar con él”. Alcizar además ha gestionado proyectos como la construcción de una nueva biblioteca, que tendrá por nombre Gabriel García Márquez y que entrará a licitación pública dentro de un mes. Por lo cual está más que esperanzado de que algún día los “señores gobernantes” se den cuenta del potencial que tiene este municipio para ser distrito y recibir dineros directos del estado, para ampliar sus brazos al mundo que quiere conocer y sentir al Macondo inmenso.


Sin embargo, parece ser que la emoción no es total ni general, pues existen, entre los habitantes de Aracataca, detractores de aquél ganador del Nobel. A eso Vergara dice: “Lo que la gente no entiende es que si Gabo exigía algo para el pueblo, se comprometía directamente con aquellos que eran gobernantes, y él tenía una política ideológica, no de estómago.”


Sin embargo, aquellas mociones se ven bastante amenazadas por la indiferencia de los jóvenes hacía la obra del escritor. Bajo la sombra de árboles del parque Camellón 20 de Julio, tres estudiantes del colegio Elvia Vizcaíno de Todaro, con cierta pena, entre risas de vergüenza, dicen que si han leído un par de libros del Nobel es porque se los han impuesto en el colegio, pero que a ninguna les gusta leer y que en general es así dentro de todos los estudiantes. “Nadie quiere leer a García Márquez ahora, esos son los profesores que lo ponen a uno, pero nadie le para bolas”.


Siendo así, es de notar que con el pasar del tiempo el interés por los textos de Gabo se pierde. ¿Podrá Robinson Mulford preservar la memoria de García Márquez entre los jóvenes del municipio de Aracataca? El reconocimiento nacerá entre ellos mismos con el sentido de pertenencia y amor hacia la literatura, pero aún más, a su propia cultura, que llega como mensaje a cada visitante de aquel lugar con sol radiante, materia prima de un autor irrepetible.


 
 
 

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